ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


jueves, 5 de abril de 2018

"El viajero" (un poema de Juan Bonilla)


El viajero

Allí de donde vengo nada me retenía.
Sé que nada me llama al lugar al que voy.
Por la ventana escueta desfilan los paisajes.
Sería hermoso no llegar a parte alguna;
permanece así,
viajando de un lugar que ya no existe
a otro que jamás existirá.

Juan Bonilla
Defensa personal.
Renacimiento.

"La Reina de mis Telediarios..."


Aunque no sea el más guapo 
de todos los inmortales 
quisiera ser el sereno 
de tus cositas terrenales. 

Como no tengo cabeza 
ni cuadra de pura sangre 
yo te llevo a caballito 
"pa" enseñarte todas las calles. 

No me hacen falta pistolas 
ni castillos en el aire: 
te regalaré un imperio 
en Cádiz por carnavales. 

Tu lengua es un mar despacio 
y a mí me matan sus olas, 
que teniendo aquí tu boca... 
¿pa qué quiero yo un palacio? 

Yo soy el Rey 
y Príncipe de Vecindario 
pero tú eres la Reina 
de mis telediarios. 

Mi boca es mi ley, 
mi frontera son tus piernas 
y toda toda tu risa 
me la pongo por bandera. 

Yo soy lo que veis:
Príncipe del Abecedario 
y toda toda mi corte 
es mi corte de salario. 

Corónate,
ponte flores en la melena 
hoy tenemos una audiencia 
con pucheros de hierba de la buena. 

Pondremos en la almohada 
y, en otro lugar urgente 
de este cuento sin hadas, 
después de noches calientes,
mañanitas de mermelada...

Soy monarca de tu horario, 
el infante de tus piernas, 
el esclavo de tus labios, 
lacayo de tus caderas... 

Tu lengua es un mar despacio 
y a mí me matan sus olas, 
que como se esta en tu boca 
no se está en ningún palacio. 

viernes, 30 de marzo de 2018

"Hoy te he visto": poemazo inédito de Rosario Troncoso


HOY TE HE VISTO

Hoy te he visto en una fotografía.
Con esta chica se te ve feliz.

No te preocupes. No pasa nada:
Me gusta que te amen y que ames tú.
Asumo con equilibrio haber perdido.
No hay ni rastro en mí de melancolía.

Para ella tu calor
es justa maravilla.
Tu euforia reconforta.
Y todo es luz sobre nuestros recuerdos...

Ay, Dios. No aprendí nada en estos años.
Detestabas las mentiras. Perdóname.

Tengo tanto frío de pronto. Lo siento.
Aunque sé que desde las fotografías
nadie nos ve llorar.

domingo, 18 de marzo de 2018

"En el nombre del padre" (Víctor Jiménez)


EN EL NOMBRE DEL PADRE

Diecinueve de marzo y desaliento.
Has vuelto solo al fin al piso en sombra,
el que, en verdad, no fue jamás el tuyo
(era tu hogar la casa junto al puente
del cálido arrabal donde naciste,
la que sus puertas abre, todavía,
de par en par al sol de tus recuerdos).
Has entrado lo mismo que un extraño,
lentamente, observando los objetos
que en soledad te miran a los ojos.
El piso está vacío. Sin latidos
que den calor a las habitaciones,
las dueñas de las llaves son las cosas:
los antiguos violines restaurados,
los pinceles y el viejo caballete,
los óleos y acuarelas y las armas
que decoran las pálidas paredes,
el busto de san Juan en simple barro,
la colección de sellos… y el reloj
que marca, ya parado, en la mesilla,
la pena en punto en que acabó su vida.
Y por él les preguntas en voz baja
esperando que te hablen, en silencio,
de todo cuanto saben, si lo han visto
de noche, en alma o sueño, en sus asuntos,
si tienen para darte algún recado…
Y esperas, impaciente, las respuestas
y una señal o un gesto que te diga
que está contigo ahora, aquí presente.
Porque no puede nadie ser buen hijo
si no siente el aliento de su padre.

Publicado en el libro La mesa italiana (Renacimiento. 2015).
Posteriormente recogido en Tu sangre en mis venas (poemas al padre), 
editado por Renacimiento en 2017.

"A CADA VUELTA..." (Susana Benet)

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A CADA VUELTA...

A cada vuelta
del tiovivo, mi padre
diciendo adiós.

Publicado en Lluvia menuda (2008).
Posteriormente recogido en Tu sangre en mis venas (poemas al padre)
editado por Renacimiento en 2017.

"Carta de mi padre a mi abuelo" (Gloria Fuertes)

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CARTA DE MI PADRE A MI ABUELO

Aquí me tienes Pedro,
en este extraño mundo,
en donde ni siquiera
los ricos son felices.

Ya se han inventado las locomotoras,
las vitaminas y la leche en polvo.
Cambiamos de gobierno y nada se mejora.

En el solar de enfrente,
han hecho un conventillo
donde las monjas oran por nosotros,
-en el jardín tienen manzanas que no pueden comer-.

Mientras en Madrid quede un organillo....
Tus volúmenes de ética los vendí en la postguerra
y tan sólo conswervo tu reloj de papel.

Los chicos han crecido y quieren ser actores.
Maria se ha casado y Gloria escribe versos.

Yo tengo una bronquitis que me acerca a tu lado,
hasta pronte te digo, adiós abuelo Pedro.

GLORIA FUERTES
publicado por primera vez en Todo asusta (1958).
Recogido posteriormente en la antología Tu sangre en mis venas (Poemas al padre), editada por Renacimiento en 2017

martes, 13 de marzo de 2018

"EL ENTUSIASMO: PRECARIEDAD Y TRABAJO EN LA ERA DIGITAL"

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En los últimos tiempos, sin embargo, ha ocurrido que la valoración del ejercicio artístico se ha socializado del lado de la afición y el placer como aquello practicado en tiempos ociosos y considerado difusamente como actividad laboral. De forma que el contexto no pierde la oportunidad de recordar a quienes crean que eso no es un trabajo en sentido estricto y que por ello cualquiera puede aprovechar para pedir gratis a un amigo o a un familiar que crea: un retrato para su hijo, una ilustración para su trabajo, un poema para su pareja, presuponiendo que el gusto por hacer ya compensa el trabajo, reforzando la idea de que el pago a lo creativo va implícito en su mero ejercicio. (...)
Con excesiva frecuencia nos viene a la mente esta dicotomía presente en la relación entre creación y precariedad. Me refiero a la que presenta enfrentados el dinero y el saber, el interés comercial y el interés cultural, la creación mundana y la espiritual. Y me parece que cuando se nos muestran como opuestos hay algo de fingimiento interesado, porque nunca una creación se hace aislada del mundo material. Toda creación siempre es atravesada por las cosas cotidianas de la vida: el trabajo, el dinero, los espacios que habitamos, nuestros cuerpos y deseos, esa maldita preocupación. Pero también la democratización creadora se sostiene hoy en un escenario que ha encontrado en las últimas décadas el hábitat idóneo para su generalización en un mundo en red, con fácil disponibilidad de acceso al conocimiento y a multitud de herramientas que favorecen y permiten compartir lo producido. En poco tiempo ha pasado que en Internet todos nos hemos convertido en creadores potenciales, en productores creativos de mundo. La emoción primera de idear y compartir textos, imágenes, proyectos, publicar libros, hacer películas y obra aún nos hace rememorar esa intensidad personal que descubrimos en la infancia frente al ejercicio creador trenzado al atardecer entre ceras como fósforos y tardes de desván. Una emoción que pasa por alto el espejismo efectista que promueve el software y las infinitas aplicaciones (como apéndices de nuestros dedos) que dicen ayudarnos a crear hoy a golpe de clic; pero también las infinitas posibilidades de archivo y combinación de mundo derivadas de la apropiación y mezcla en la red, favorecidas por la tecnología y un mundo excedentario, donde todo lo digitalizable (cada vez más «todo») circula. (...)
No tardamos en advertir que el sistema cultural se vale hoy de una multitud de personas creativas desarticuladas políticamente. Multitud alimentada de becarios sin sueldo, contratados por horas e interinos, solitarios escritores de gran vocación, autónomos errantes, doctorandas embarazadas, colaboradores y críticos culturales, polivalentes artistascomisarios y jóvenes permanentemente conectados que casi siempre «compiten». Pronto descubrimos que la posibilidad de un pago afectivo o de un pago inmaterial que al menos les haga visibles es un pago insuficiente pero «va reconfortando»; que algunas personas lo logran porque acumulan grandes, ingentes números online, pero difícilmente la mayoría que orbita en torno a números bajos pagará facturas y comida sumando seguidores en Internet en el «libre» ejercicio creativo y sin ceder a la presión tramposa de las audiencias. (...)
Creo que estos procesos de toma de conciencia y frustración (este singular dolor que oscila entre sentir perder y recuperar la pasión por crear) describen a una generación de personas conectadas que navegan en este inicio de siglo entre la precariedad laboral y una pasión que les punza (por sentirla, por haberla sentido, por estar perdiéndola). No olvido que quienes crean tienen cuerpo. Un cuerpo que habita lugares con identidad y que transita espacios.
El entusiasmo.
Remedios Zafra.
Premio Anagrama de Ensayo 2017 

domingo, 11 de marzo de 2018

"YO SOY FERNANDO TORRES" (Videopoema aniñado)



YO SOY FERNANDO TORRES

Yo soy Fernando Torres,
en mí se depositaron grandes esperanzas
y di alguna alegría que otra.

Yo soy Fernando Torres,
me costó salir de casa de mis padres.
Acepté trabajos por dinero.
Paseé mi bandera
cuando lo creí necesario.

Yo soy Fernando Torres,
delantero fieramente humano.
capaz de lo mejor y lo peor.

(Probablemente me han pagado siempre
más de lo que mi trabajo merece.)

Yo soy Fernando Torres y me arrastro
por la treintena aparentando
haber madurado.
Pero simplemente me he hecho viejo.

Yo soy Fernando Torres.
Una sombra del que un día fui
y apenas el reflejo de quién iba
a ser. Todos lo saben pero disimulan.

Yo soy Fernando Torres.
Todavía no me ha salido la barba
pero algunos todavía me llaman niño.

Nadie sabe por qué a estas alturas
a pesar de todo
todos me siguen queriendo tanto.

jueves, 8 de marzo de 2018

"Me dijeron" (un poema de Vitika Roy)


Me dijeron:
No te pongas ese vestido tan corto.
Y después violaron a una mujer cuando llevaba sus vaqueros favoritos.
Me dijeron:
No te quedes hasta muy tarde.
Después arrancaron la ropa y tocaron los pechos de una chica a plena luz del día en unas fiestas populares.
Me dijeron:
No viajes sola por la noche.
Y después violaron y mataron de día a dos mujeres, cuando descubrían el mundo, acompañadas la una de la otra.
Me dijeron:
No cojas el transporte público por la noche.
Luego manosearon a una chica en el metro, sin que nadie hiciera nada, de camino a la universidad.
Me dijeron:
Pídele a algún amigo que te acompañe a casa.
Y luego señalaron y llamaron calientapollas a una chica cuando lo hizo.
Me dijeron:
No sonrías a extraños.
Y luego gritaron borde, puta y quiéntecreesqueeres a una mujer por pasar de largo.
Me dijeron:
No bebas mucho.
Y después pusieron droga a una chica en su bebida.
Me dijeron:
Ten siempre el teléfono a mano.
Y luego una mujer recibió en ese mismo teléfono un vídeo de todas las cosas que le habían hecho la noche anterior.
Me dijeron:
No te vayas con desconocidos.
Y luego una mujer fue violada por un amigo. Una pareja. O un familiar.
Me dijeron:
Denuncia.
Y después le preguntaron qué llevaba puesto, cuánto bebió y por qué se fue con él.
Me dijeron. Me dijeron. Me dijeron.
Ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado.
Lo tuve. Lo tengo. Lo tendré.
Hice todo lo que me dijeron.
Ahora explícame qué es lo que hice mal.
Estoy de acuerdo: no todos los hombres sois así.
Pero entiéndelo tú.
A todas las mujeres nos pasa. A todas nosotras.
A mi madre. A mí. A mi hija. A mi amiga. Y a mi compañera de trabajo.
A tu madre. A tu mujer. A tu hija.
A todas las mujeres.
¿Lo empiezas a entender?
No me digas a mí lo que tengo que hacer.
Díselo a ellos.
Enséñales consentimiento.
Enséñales que NO significa NO.
Enséñales respeto.
Enséñales que las mujeres no somos un juguete, ni un objeto, ni una propiedad.
Enséñales a ser responsables.
Enséñales a no violar.

Vitika Roy

sábado, 3 de marzo de 2018

Treinta y tres: "Ya no es posible ser feliz/ al menos ya no para mí"


Ya no es posible ser feliz, 
al menos ya no para mí...
y es que ahora sé que es cierto: 
nunca tendré lo que mas quiero. 

No tendré piedad: 
yo tengo 33 y tu eres casi 
una menor 
¿Cómo es posible que entre tú y yo 
exista algo que dure un tiempo? 

Tú me recordaras como algo bueno 
que paso 
y yo estaré vuelto del revés 
buscándote por el mundo enter.o 

Dios conmigo hizo una broma 
me dijo "ven" y luego "toma" 
y aunque lo intente sé que es así: 
ya no es posible ser feliz 

No tendré piedad: 
yo tengo 33 y tu eres casi 
una menor 
¿Cómo es posible que entre tú y yo 
exista algo que dure un tiempo? 

Y ese novio tuyo que te sirve 
de protección 
aunque lo intente nunca entenderá 
ciertos mensajes en tu móvil...

¿Por qué bailamos el robot? 
Yo seré viejo y tu joven...

viernes, 2 de marzo de 2018

"Resaca de tercer aniversario" (Alberto Tesán)

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RESACA DE TERCER ANIVERSARIO

Humillado, ofendido, muerto en vida.
Con un peso de siglos, un estigma.
Hablaré claro: ganas de acabar.
Una piedra, una bala, un accidente.
Lo diré de otro modo: ella no me ama.
Estaba equivocado. Ella no me ama.
Tres años soportando su pereza,
sus absurdos caprichos, su mal genio.
Tres años con temor a decir nada.
Los vecinos sonríen si me miran.
Los niños lanzan piedras a mi paso.
Sé lo que están pensando, y lo comprendo.
Soy un perro en sus manos, un juguete.
Pero esta noche todo cambiará.
El hombre debe ser dios en su casa.
Y esta noche sabrá lo que es un hombre.
Recorreré los barrios más oscuros.
Tengo dinero y sé dónde encontrarlo.
Será fácil que acepte mi propuesta.
No me importa el tamaño, ni la técnica.
Esta noche tendrá un hombre en su cama.
Piedras en el agua.
Alberto Tesán.
Pre-textos, 2003

jueves, 1 de marzo de 2018

FARIÑA (algunos tiros del libro de Nacho Carretero)

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Don Vicente fue militante popular toda su vida y amigo personal de Manuel Fraga. Se profesaban cultivada amistad mutua, nunca negada por ninguna de las dos partes. A Fraga no le faltaba de nada en sus visitas a Arousa: copiosas comidas y mariscadas, muchas de ellas en el parador de Cambados (donde el tiroteo), otras, en alguno de los restaurantes que poseía «Terito» o en el Casino A Toxa, segunda residencia del contrabandista. El dirigente de AP era recibido con fanfarria y honores, y a don Vicente se le correspondió desde el partido con la insignia de oro y brillantes. «Terito» garantizaba los votos en una comarca donde los populares se llevaban —y se han seguido llevando en algunos municipios— el 70% de las papeletas2. No es ningún secreto en Galicia —y mucho menos entre los periodistas de las Rías Baixas— que, además de votos, «Terito» se ganó la medalla de oro por su supuesta financiación millonaria de las campañas del partido, generosos donativos que forjaban el estrecho vínculo de AP con el contrabando. «No tengo pruebas de esa financiación, pero nunca recibí ninguna querella por escribirlo», resume Perfecto Conde, autor del libro La conexión Gallega.
(...) las multinacionales del tabaco perfilaron tres poderosos socios a principios de los 80: los grupos griegos, la camorra italiana y los clanes gallegos. Las decisiones de todo este entramado se tomaban anualmente en el Gran Premio de Fórmula 1 de Montecarlo, donde alguna vez asomó la cabeza alguno de los capos gallegos. En los acuerdos se prorrateaban las posibles pérdidas. Sobraba el dinero. Gracias a su experiencia tras décadas de estraperlo, los clanes gallegos se hicieron en pocos meses con la confianza de las redes tabaqueras, y Galicia se convirtió en el puerto de descarga más importante del contrabando europeo. Centenares de buques desfilaban por la costa gallega, cargados cada uno con el tabaco equivalente a varias decenas de viajes por carretera. La estimación que los jueces hicieron a principios de los años 80 señalaba que un tercio del tabaco ilegal de Europa se movía a través de Galicia. Según datos de la propia Administración, Hacienda dejó de recaudar 10.000 millones de pesetas al año a principios de los 80 por culpa del contrabando, esto es, 60 millones de euros, en el contexto de hace 35 años. (...)
Se movía tanto dinero que no daba tiempo a contarlo, y los contrabandistas hablaban de cantidades de dinero usando el peso de los fajos: «Te envío tres kilos; me debes 300 gramos…». Arrieta, a través de los capos gallegos, tenía sobornados a varios agentes de aduanas españoles y franceses, y pasaba el dinero sin dificultades. Cuando llegaba a Ginebra, dejaba el coche aparcado cerca del aeropuerto, frente a varias sucursales bancarias, y se iba. Un empleado del banco salía, recogía las bolsas y dejaba otras en el coche. Era oro que viajaba de vuelta a Galicia. Los contrabandistas lo guardaban o lo invertían en joyas para el mercado negro. A esta trama de lavado de dinero la prensa la bautizaría años después como Peseta Connection. (...)
El señor Eichenberg tiró de la manta metido en una furgoneta aparcada justo sobre la frontera franco-suiza. El contrabandista en el asiento de atrás, en Suiza, y el juez en el de delante, en Francia. El magistrado Sengelin le preguntó a Arrieta por qué no acudía a las autoridades españolas, y este le respondió que de los Pirineos para abajo no se fiaba de nadie. De hecho, el propio Sengelin puso en conocimiento de las autoridades españolas todo lo que había descubierto de la Peseta Connection. Y adivinen qué ocurrió: nada. El entramado siguió hasta la época del narcotráfico sin que nadie moviera un dedo, bien por desidia, bien porque la legislación española estaba entonces en pañales en materia de blanqueo y lavado de dinero. (...)
La aceptación del contrabando en aquellos tiernos 80 podría compararse con lo que hasta no hace mucho fue la tolerancia con los desmanes económicos del fútbol: todo el mundo sabía que se estaban cometiendo irregularidades, pero casi nadie se quejaba. Lo explica mejor el periodista de La Voz de Galicia Julio Fariñas: «En Arousa había tanto contrabando que la pregunta que cabía hacerse era quién no se dedicaba a eso. Era un medio de vida». En aquel entorno encajaba perfectamente la histórica cita del escritor Mark Twain: «Una vez mandé a una docena de amigos un telegrama: “Huye de la ciudad inmediatamente. Se ha descubierto todo”. Y todos huyeron».(...)
Como en la época del estraperlo fronterizo, sin ellos, nada de todo esto hubiera sido posible. Hubo un problema añadido, para algunos el más grave: la principal y más importante industria de las Rías Baixas —el contrabando— era una industria al margen de la legalidad. En consecuencia se creó, alimentó y consolidó una cultura delictiva. Gran parte de la sociedad de las Rías Baixas normalizó cosas como evitar a las autoridades, respetar a un capo ajeno al Estado o enriquecerse rápido y fácil. Se moldeó un escenario en el que vivir al margen de la ley era más o menos habitual. Era, si prefieren, normal. (...)
Hay cientos de versiones sobre esta reunión: algunas recogen que fueron los contrabandistas quienes se acercaron al presidente de forma imprevista y le robaron cinco minutos de su agenda. Otras señalan que se mantuvo un encuentro con todas las letras. Todas coinciden en concluir que Albor recomendó —o pidió— a los capos que regresaran a España y se entregaran a la justicia. Ellos le dijeron que estaban siendo perseguidos «de forma injusta por la justicia». El presidente tendría que dar explicaciones en el Parlamento gallego después de que se filtrara el encuentro y el PSOE presentara una interpelación. Albor llegaría a disculparse asegurando que ignoraba que los huidos se alojaban en el hotel al que acudió. Coincidencia o no, tras aquella reunión el juez Spiegelberg fue relevado de la investigación y enviado a Cantabria. Lo mismo sucedió con el gobernador socialista Virginio Fuentes, que fue destinado a Albacete, donde aseguraría meses después que no quería volver a saber nada del contrabando gallego. Al revuelo hay que añadirle una frase que hizo pública el periodista Perfecto Conde, interceptada por la Policía en una conversación telefónica entre el contrabandista Celestino Ayala, de A Pobra do Caramiñal, y el socio de Marcial, Manuel Prado. Ambos hablaban sobre la persecución de la justicia, la redada y la huida de Marcial y los demás a Portugal. En un momento dado, Ayala soltó: «Nos van a joder un año más, hasta que salga Fraga». (...)
En total, 93 contrabandistas fueron procesados y quedaron pendientes de juicio. Pero, misterios de España, la vista se fue aplazando hasta que se fijó una fecha, ¡ojo!, en 1993. Entonces, la Fiscalía se dio cuenta de que la legislación había cambiado en 1986 debido a la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), y se declararon los hechos prescritos. Los 600 años de cárcel y los 1,47 billones de pesetas que pedían de multa (más de 8000 millones de euros) se quedaron en nada.
 Los exitosos envíos de prueba se frenaron momentáneamente en abril de 1984. Ese mes el cartel de Pablo Escobar asesinó al ministro de Justicia colombiano, Rodrigo Lara Bonilla, que ocho meses atrás había puesto en marcha una agresiva campaña para terminar con la impunidad de los carteles. A Lara Bonilla lo balearon en su Mercedes desde una moto en el norte de Bogotá. Los escoltas salieron tras los sicarios de Escobar, que en la persecución perdieron el control de la moto. Uno de ellos murió en la caída y el otro fue capturado y condenado a 11 años de cárcel.
El asesinato provocó la ira del Gobierno colombiano, entonces dirigido por Belisario Betancur, que declaró la guerra a los narcos. Los capos de Medellín huyeron: Pablo Escobar se fue a Nicaragua y sus lugartenientes Jorge Luis Ochoa Vásquez y José Nelson Matta Ballesteros, decidieron aterrizar en Madrid. Con ellos llegaría también el jefe del cartel de Cali, Gilberto Rodríguez Orejuela. A España no llegaron por casualidad. Las reuniones mantenidas durante meses con los gallegos despejaron cualquier duda sobre el destino óptimo. Hasta qué punto debió de fluir el entendimiento que Matta Ballesteros se instaló a los pocos meses en A Coruña, en un enorme piso en el paseo marítimo con vistas a la playa del Orzán. Desde allí Matta Ballesteros inauguró una oficina del cartel de Medellín para lavar el dinero de la organización y reanudó el trabajo con los clanes gallegos. En la distancia, todo lo dirigía por teléfono su hermano Ramón. Una de esas llamadas la escuchó el inspector de policía Enrique León. El cartel colombiano estaba ya instalado en Galicia y la policía seguía persiguiendo cajetillas de tabaco.
Ochoa Vásquez y Rodríguez Orejuela se quedaron en Madrid, donde montaron más oficinas para consolidar el narcopuente entre España y Colombia y para blanquear la descomunal pasta que traían en los bolsillos. Nada más llegar a España, Ochoa se cambió el nombre y la cara mediante una operación de cirugía estética. La DEA lo buscaba con desesperación. Orejuela mantuvo el rostro pero se agenció unos papeles falsos. Ambos comenzaron a buscar negocios en los que invertir. Utilizaban como base un chalé de lujo que compraron en Pozuelo de Alarcón. En su rastreo contaron con el asesoramiento de importantes y prestigiosos abogados españoles pero fue demasiado escandaloso. El movimiento de tantos millones en tan poco tiempo resultó chirriante y el 15 de noviembre de 1984 la policía asaltó el chalé y los detuvo.
A Orejuela le pillaron una libreta de contabilidad en la que se especificaban transacciones millonarias derivadas del tráfico de cocaína. Desde Estados Unidos llamaron a Felipe González: querían a los dos narcos extraditados con urgencia. Al decir urgencia es probable que el Gobierno del entonces presidente Ronald Reagan no se refiriese a los dos años que pasaron los capos colombianos encarcelados en España. Ochoa y Orejuela, dirigentes de los carteles de Medellín y Cali, conocieron la prisión del Puerto de Santa María y la de Carabanchel mientras se negociaba su extradición. Adivinen quiénes cumplían condena esos mismos meses debido a la gran redada contra el tabaco de 1984. Así es, los contrabandistas gallegos, entre ellos Sito Miñanco, que tuvo tiempo de sobra para compartir confidencias con los colombianos y consolidar la relación iniciada en Panamá. Otros capos arousanos siguieron su estela y en los pasillos y celdas de la prisión alumbraron nuevos vínculos que apuntalaron los lazos entre Galicia y Colombia. En Arousa se dice —no sin razón— que el narcotráfico gallego se gestó en Carabanchel.
Los gallegos fueron saliendo de la cárcel enseguida gracias al buen hacer de sus abogados. Los colombianos estuvieron hasta 1986 y al final consiguieron que el Gobierno español no los extraditase a Estados Unidos, donde les esperaban entre 10 y 15 años de cárcel. Para sorpresa de Washington, los capos fueron devueltos a Colombia, donde meses después de su llegada quedaron en libertad. Sobre esta negociación que evitó la extradición se habla largo y tendido en el libro El ajedrecista, escrito por Fernando Rodríguez Mondragón, el hijo mayor de Orejuela. En la obra se recogen las memorias del capo colombiano y hay una parte en la que afirma: "Salir de España nos costó 20 millones de dólares y Felipe González se quedó con cinco. (...) Los emisarios de Felipe González insistieron en que las elecciones estaban cerca y necesitaban el dinero, y por eso autorizaron la entrega". El libro cuenta que la entrega del dinero se llevó a cabo con el jet privado de Pablo Escobar y que también hubo una partida de 10 millones con destino a la Audiencia Nacional.
No existen documentos que respalden estas afirmaciones. Como tampoco hay pruebas de lo que señala unas páginas más adelante: en Carabanchel, además de con los jefes gallegos, Orejuela hizo buenas migas con un miembro de ETA experto en explosivos al que se llevó a Colombia. Sea o no cierto, fue en 1986 cuando el cartel de Medellín comenzó su etapa de narcoterrorismo, con atentados constantes en el país.
Fariña.
Nacho Carretero.
Libros del K.O. 

miércoles, 28 de febrero de 2018

"Al menos estoy escribiendo": fragmentos de TRIESTE de Urbano Pérez

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Lloramos por el difunto. También lo hacemos por nuestra vida.
Al poco de haber muerto la abuela, me fui de alquiler con Emma.
Todo lo que había dado sentido a mi mundo se había ido desvaneciendo ante mis ojos, minando mi modesta confianza.

La negatividad se instaló en mi retina: un fallido investigador universitario, aspirante a escritor, como tantos doctorandos ilusos, que había regresado a casa de su madre para estar concentrado y escribir, y no había logrado ni lo uno ni lo otro.

Así me veía yo en el espejo de la estima.

Recuerdo bien una de las primeras mañanas. Desayunábamos. Ambos estábamos preocupados por la investigación que parecía incapaz de llevar a cabo, por el daño que comenzaba a hacerme.

Antes de irse a una de sus clases, tras haber agotado casi todos sus consejos, Emma me dijo: "Deja que se resuelva poco a poco todo, sin mediación tuya".

Mientras eso sucede, trabajo en el negocio de sus padres.

Creo que soy feliz. Trato de convencerme de ello.
(...)
Amamos y odiamos la Navidad.

Amamos y odiamos.

Tras la cena, la tristeza ya tradicional -como la costumbre de dar a los niños el aguinaldo, como un aguinaldo más- va surgiendo lentamente, del mismo modo en que se apaga el enfermo de cáncer una mañana cualquiera de escasa luz.

Le cuento a Moy mi versión de lo sucedido.

Al terminar, me pide que le diga qué puede hacer si lo que le acabo de contar es cierto.

Entonces me he despertado.

Año 2000. Algunos amigos y yo probamos la cocaína.
La había traído Moy que, convertido aquella en una especie de gurú, hizo unos tiros semejantes para todos, transformó un billete en un rulo y sostuvo en sus manos la caja de un CD, mientras nosotros, uno a uno, culminábamos solemnemente el ritual de iniciación a las drogas duras.

Moy es tres o cuatro años mayor que yo.

¿Es posible evitar ciertos errores a ciertas edades? Y no me estoy refiriendo precisamente a-lo-de-la-cocaína.

Me conocen todos. No me conoce nadie.

Dramático. Soy así. E igual que en Azorín "(...) esta idea de que siempre es tarde, es la idea fundamental de mi vida".

Al menos estoy escribiendo.
Ese es más o menos el otro propósito vacacional: recuperarme de tanta exigencia; no ha sido hasta el momento demasiado productiva.

Mis recuerdos de las vacaciones "no aburridas", las de los veranos de mocedad, huyen en tropel del olvido, como una multitud febril.

Los días de diario pillábamos litronas y nos íbamos a la chopera que hay junto al parque.

Nos gustaba la oscuridad cuando cortaban el alumbrado principal.
La respirábamos.
(...)
Tengo la impresión -lo anoto casi al tiempo que adquiero conciencia de ello- de que el registro de los días neutraliza las tonalidades de la vida y no disocia lo que es presente verdadero de lo que solo lo parece. El diario tiende a la monocromía.

Dominio del gris en mi caso.
Trieste.
Urbano Pérez Sánchez.
Editora Regional de Extremadura.
Colección La Gaveta, 2017

viernes, 23 de febrero de 2018

"Nací a los treinta y tres años..." (Vicente Huidobro)

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PREFACIO
     Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
     Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.
     Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.
     Amo la noche, sombrero de todos los días.
     La noche, la noche del día, del día al día siguiente.
     Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
     Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas.» He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
     Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcoiris.
     Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.
     El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: «Si yo fuese dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?» Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: «Adiós» con su pañuelo soberbio.
     Hacia las dos aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.
     Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.
     Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas.
     Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso, como un ombligo.
     «Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano.
     »Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales.
     »Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; los días que tienen un oriente legítimo y reconstituido, pero indiscutible.
     »Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano.
     »Después bebí un poco de cognac (a causa de la hidrografía).
     »Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas y los dientes de la boca, para vigilar las groserías que nos vienen a la boca.
     »Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar... a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador.»
     Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.
     Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.
     Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.
     Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero:
     «Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.
     »Se debe escribir en una lengua que no sea materna.
     »Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte.
     »Un poema es una cosa que será.
     »Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
     »Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
     »Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
     »Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco.»
     Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera del último suspiro.
     Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la muerte.
     Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:
     »Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?
     »Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad.
     »Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas.
     »Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes.
     »Digo siempre adiós, y me quedo.
     »Ámame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas.
     »Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente.
     »Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas.
     »Ámame.»
     Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas.
     Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.
     Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanda.
     Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.
     Ah, qué hermoso..., qué hermoso.
     Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles.
     Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.

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     Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su garganta con claro de luna, sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol sobre los planetas.
     De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino.
     Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta.
     La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar los pies de la amada.
     Aquél que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman, pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados.
     Aquél que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son solamente astrónomos activos.
     Aquél que bebe el vaso caliente de la sabiduría después del diluvio obedeciendo a las palomas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los barcos.
     Aquél que conoce los almacenes de recuerdos y de bellas estaciones olvidadas.
     Él, el pastor de aeroplanos, el conductor de las noches extraviadas y de los ponientes amaestrados hacia los polos únicos.
     Su queja es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo.
     El día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del reposo agrícola.
     Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha.
     Los gritos se alejan como un rebaño sobre las lomas cuando las estrellas duermen después de una noche de trabajo continuo.
     El hermoso cazador frente al bebedero celeste para los pájaros sin corazón.
     Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes.
     Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.
     Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.
     Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial.
     Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia.
     La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.
     Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.
     Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.
     Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo.
     Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.
     ¿Habéis oído? Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados.
     Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.
     Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.
     Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.
     Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un parasubidas maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al creador.
     ¿Qué esperas?
     Mas he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.
     Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable.