ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


miércoles, 28 de septiembre de 2016

"El sueño ridículo de un hombre maduro": PLATAFORMA de Michel Houellebecq

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Delante del ataúd del viejo, me vinieron a la cabeza ideas desagradables. El muy cabrón había disfrutado de la vida; se las había apañado de puta madre. (...) En fin, yo estaba un poco tenso, no lo dudo; a uno no se le muere alguien de la familia todos los días. Me había negado a ver el cadáver. Tengo cuarenta años, y ya he visto algunos cadáveres, ahora prefiero evitarlo. Por eso nunca he comprado un animal doméstico.
Tampoco me he casado. He tenido la oportunidad, varias veces; pero siempre he rehusado. Sin embargo, me gustan las mujeres. Me arrepiento un poco del celibato de mi vida. Me molesta en vacacines, sobre todo. La gente desconfía de los hombres que a partir de cierta edad se van solos de vacaciones; creen que son muy egoístas y probablemente un poco viciosos; no puedo decir que se equivoquen.
(...)
Me gustaban los catálogos de vacaciones, su abstracción, su manera de reducir los lugares del mundo a una secuencia limitada de placeres posibles y tarifas; apreciaba especialmente el sistema de estrellas para indicar la intensidad de la felicidad que uno tenía derecho a esperar. Yo no era feliz, pero valoraba la felicidad, y seguía aspirando a ella.
(...)
He asistido a muchas exposiciones, inauguraciones y espectáculos memorables. Mi conclusión se ha convertido en certeza: el arte no puede cambiar la vida. En cualquier caso, no la mía.
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Las mujeres son afectuosas, (...) tienen tendencia a establecer relaciones afectivas hasta en el trabajo, se mueven con dificultad en un universo desprovisto de toda relación afectiva, es una atmósfera en la que les cuesta mucho realizarse.
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Los hombres viven unos junto a otros como bueyes; todo lo más, de vez en cuando, comparten una botella de alcohol.
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Intelectualmente, lograba sentir cierta atracción por la vagina de las musulmanas. Sonreí de manera un poco forzada. Ella también sonrió, con más franqueza. Le estreché mucho tiempo la mano, sentí el calor de sus dedos, no dejé de apretar hasta que noté el pulso de la sangre en la muñeca. A unos metros del coche, me volví para hacerle un pequeño gesto de despedida. Al fin y al cabo, aquello había sido un encuentro; al fin y al cabo había pasado algo.
(...)
En cuanto tienen unos días de libertad, los habitantes de Europa occidental se precipitan al otro confín del mundo, cruzan medio planeta en avión, se comportan literalmetne como si acabaran de fugarse de la cárcel. No los culpo; yo estoy a punto de hacer lo mismo.
Mis sueños son mediocres. Como todos los habitantes de Europa occidental, quiero viajar (...); para decirlo en plata, en el fondo lo que yo quiero es hacer turismo.
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Todo esto parecía reciente, no tenía la impresión de haber cambiado mucho. Mi entusiasmo por los coños no había disminuido, incluso me parecía que aquél era uno de mis últimos rasgos plenamente humanos, reconocibles; en cuanto al resto,ya no estaba muy seguro.
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Los grupos humanos compuestos de un mínimo de tres personas tienen una tendencia aparentemente espontánea a dividirse en dos subgrupos hostiles.
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Producían. ¿Qué había producido yo durante mis cuarenta años de existencia? No mucho, a decir verdad. Había organizado información, había facilitado su consulta y su transporte; a veces también había hecho transferencias de dinero (a modesta escala: tan sólo había pagado facturas, por lo general de poca cuantía). En una palabra, había trabajado en el sector servicios. Se podía prescindir de la gente como yo. Aunque mi inutilidad era menos vistosa que la de Babette y Léa; yo era un parásito modesto y no brillaba en mi trabajo, ni sentía la menor necesidad de fingir tal cosa.
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Uno cobra conciencia de sí mismo en su relación con el prójimo; y por eso la relación con el prójimo es insoportable.
La felicidad es cosa delicada -dijo con voz sentenciosa-; es difícil encontrarla dentro de nosotros, e imposible encontrarla en otra parte.
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La frase me parecía discutible: quizás se habría aproximado más a la realidad invirtiendo "difícil" e "imposible"; pero yo no tenía ganas de proseguir el diálogo, lo más importante era volver a una situación turística normal.
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Se puede describir la vida como un proceso de inmovilización, muy evidente en el bulldog francés, tan vivaracho de joven y tan apático de adulto. (...) Uno siempre puede hacerse el listo, dar la impresión de haber entendido un poco la vida, pero lo cierto es que la vida se acaba.
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Se me puso dura, lo cual ya era algo; podía ser una motivación. Además hay que vivir, y tener relaciones humanas; en general, y desde hacía mucho tiempo, yo estaba demasiado tenso. (...) A pesar de todo, solo conseguía acordarme de las mujeres con las que había follado. Y eso también era algo; acumulamos recuerdos para sentirnos menos solos en el momento de la muerte.
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No había crecido protegido por una familia ni por nada que pudiera preocuparse mi suerte, apoyarme si me angustiaba, alegrarse con mis aventuras y mis éxitos. Y tampoco había fundado una entidad semejante: era soltero, no tenía hijos, a nadie se le habría ocurrido buscar mi apoyo. Vivía y moriría solo, como un animal.
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Más tarde, rememorando esta época (...) me diría que el hombre no está hecho para la felicidad. Para tener acceso real a la posibilidad práctica de la felicidad, el hombre debería transformarse, transformarse físicamente. ¿Con qué se puede comparar a Dios? En primer lugar, con el coño de las mujeres, es evidente; peo también, quizás, con los vapores de un hammán. En cualquier caso, con algo donde el espíritu pueda llegar a ser posible porque el cuerpo está saturado de contento y de placer, y toda inquietud no ha sido abolida. Ahora estoy seguro de que el espíritu no ha nacido, que quiere nacer, y que su nacimiento será difícil, porque la idea de que nos hemos hecho de él hasta ahora es insuficiente y nociva.
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Uno se acostumbra a la soledad y a la independencia, y no se trata, forzosamente, de una buena costumbre.
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Es falso que los seres humanos sean únicos, que lleven dentro de sí una singularidad irremplazable; en lo que a mí concierne, no percibía la menor huella de tal singularidad. Lo más normal es que uno se agote en vano intentando distinguir destinos individuales, caracteres. La idea de la unicidad de la persona sólo es un pomposo absurdo. Schopenhauer escribió en alguna parte que uno se acuerda de su propia vida un poco más que de una novela que haya leído.
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Yo vivía dentro de un juego, un juego tierno y excitante, el único juego que les queda a los adultos; un universo de deseos leves y de momentos de placer ilimitado.
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Los órganos sexuales son una fuente de placer permanente y disponible. El dios que nos hace desgraciados, que nos ha creado transitorios, vanos y crueles, también ha previsto esta débil forma de compensación. Si no hubiera un poco de sexo de vez en cuando, ¿en qué consistiría la vida? Una lucha inútil contra las articulaciones que se anquilosan o la formación de caries.
(...)
Es imposible hacer el amor sin un cierto abandono, sin la aceptación, al menos temporal, de un cierto estado de dependencia y de debilidad. La exaltación sentimental y la obsesión sexual tienen el mismo origen, las dos proceden del olvido parcial de uno mismo; no es un terreno en el que podamos realizarnos sin perdernos. Nos hemos vuelto fríos, racionales, extremadamente conscientes de nuestra existencia individual y de nuestros derechos; ante todo, queremos, evitar la alineación y la dependencia; para colmo estamos obsesionados con la salud y con la higiene: ésas no son las condiciones ideales para hacer el amor.
(...)
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-Tú mismo me explicaste -dije con dulzura- que el capitalismo es, por principio, un estado de guerra permanente, una lucha perpetua que nunca tendrá fin.
-Es verdad -convino sin dudarlo-; pero no siempre tienen que luchar los mismos.

4 comentarios:

  1. Desde la madurez, casi todo parece un sueño ridículo, un castillo de certezas que el menor soplo desmantela. Un disfrute la entrada y la selección de párrafos. Abrazos.

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  2. Mil gracias, José Luis, el amigo Houellebecq es un cínico amargo pero con una lucidez incuestionable y "Plataforma" me parece su mejor novela junto a "Las partículas elementales": esperemos que no le cojan pronto ni el yihadismo ni la madurez ;)

    Un abrazo, grande.

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  3. Siempre interesante, Houellebecq. Gracias por el comentario. Cordiales saludos,

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  4. Gracias a ti por comentar.
    Un saludo

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