ARREBATOS ALÍRICOS

Me fui sobreviviendo como pude

(José Luis Piquero)


lunes, 3 de abril de 2017

EL AMOR DURA TRES AÑOS (Frédéric Beigbeder)

Descubrí a Frédéric Beigbeder gracias a una entrevista publicada en la revista JotDown y enseguida devoré sus libros.

El amor dura tres años no deja de ser una (entretenidísima y divertidísima) obra menor claramente deudora de Houellebecq, pero contiene tal cantidad de máximas brillantes, frases arrebatadoras y reflexiones sobre el amor (entre el puro cinismo y el puto romanticismo) que no he podido resistirme a este despiece, como el que en su momento realizamos en este blog de Plataforma de Michel Houellbecq o Limónov de Emmanuel Carrére:

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El amor es un combate perdido de antemano.
Al principio, todo es hermoso, incluso tú. No das crédito a estar tan enamorado. Cada día trae consigo su liviana carga de milagros. Jamás nadie en el mundo había conocido tanta felicidad. La felicidad existe y es muy simple: consiste en un rostro. El universo sonríe. Durante un año, la vida no es más que una sucesión de soleadas mañanas, incluso cuando nieva por la tarde. Te dedicas a escribir libros sobre esta cuestión. Te casas, lo antes posible: ¿para qué reflexionar cuando uno es feliz? Reflexionar te entristece; la vida debe ganar la partida.
El segundo año, las cosas empiezan a cambiar. Te has vuelto más tierno. Te sientes orgulloso de la complicidad que se ha establecido en tu pareja. Comprendes a tu mujer con sólo medias palabras; qué felicidad conformar un todo. En la calle, confunden a tu mujer con tu hermana: eso te halaga pero te va desgastando. Hacéis el amor cada vez menos y consideráis que no es grave. Estáis convencidos de que el fin del mundo está muy lejos. Defendéis el matrimonio delante de vuestros amigos solteros, que ya no os reconocen. Tú mismo, sin ir más lejos, ¿estás realmente seguro de conocerte cuando recitas la lección aprendida de memoria y resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle?
El tercer año, ya no resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle. Ya no hablas con tu mujer. Pasáis horas en el restaurante escuchando lo que cuentan en las mesas vecinas. Sales cada vez más: eso te proporciona la excusa para no tener que follar. Pronto llega el momento en que ya no puedes soportar a tu esposa ni un segundo más, ya que te has enamorado de otra. Sólo hay un punto en el que no te habías equivocado: efectivamente, la vida siempre tiene la última palabra. El tercer año trae consigo una noticia buena y otra noticia mala. La noticia buena: asqueada, tu mujer te abandona. La noticia mala: empiezas otro libro. (...)
Marc Marronier es así: finge ser un degenerado bajo su trajecito de pana lisa porque le da vergüenza mostrarse tierno. Acaba de cumplir treinta años: la edad espuria en la que uno es demasiado viejo para ser joven y demasiado joven para ser viejo. Para no decepcionar a nadie, hace todo lo posible por estar a la altura de su reputación. A base querer aumentar las dimensiones de su press-book, se ha ido convirtiendo poco a poco en una caricatura de sí mismo. Le resulta agotador tener que demostrar que es amable y profundo, así que se las da de canalla superficial, adoptando ese comportamiento desordenado, incluso mortificante. (...)
He conocido el periodo en que todos mis amigos bebían, luego aquel en que todos se drogaban, después la época en que se casaban, y ahora estoy en la fase en la que se separan antes de morir. (...)
Uno puede ser alto, moreno y llorar. Para madurar, basta descubrir de repente que el amor dura tres años. Es el tipo de descubrimiento que no le deseo ni a mi peor enemigo: es una manera de hablar, ya que no tengo peor enemigo. Los esnobs no tienen enemigos, por eso hablan mal de todo el mundo: para intentar tenerlos.
Un mosquito vive un día, una rosa tres días. Un gato, trece años, el amor, tres. Así son las cosas. Primero hay un año de pasión, luego un año de ternura y, finalmente, un año de aburrimiento.
El primer año, uno dice: "Si me abandonas, me MATO".
El segundo año, uno dice: "Si me abandonas, lo pasaré muy mal pero lo superaré".
El tercer año, uno dice: "Si me abandonas, invito a champán".
(...)

El puño de la angustia me golpeó en el estómago: bajón de éxtasis. No lo necesito: ¿de qué sirve pasarse toda la noche huyendo de ti mismo si, al final, consigues darte alcance en tu propio domicilio? En los bolsillos de mi abrigo, recuperé unos restos de cocaína en una papelina. Incluso esnifé el papel. Esto amortiguará el spleen. (...) Ha amanecido, Francia se dispone a iniciar una nueva jornada de trabajo. Y, mientras tanto, un adolescente retrasado no se moverá durante horas. Demasiado colgado para dormir, leer o escribir, me quedaré mirando fijamente el techo apretando los dientes. Con este rostro colorado y esta napia blanquecina, observo en este espejo la imagen de un payaso en negativo. (...)
El divorcio es una pérdida de la virginidad mental. A falta de esa "buena guerra" que nos mereceríamos, este tipo de desastres (como perder a tu madre o a tu padre, quedar paralítico a causa de un accidente de tráfico, perder tu casa por culpa de un despido abusivo) son los únicos acontecimientos que nos enseñan a convertirnos en hombres. (...)
En el medio en que vivo, no te haces ninguna pregunta antes de los treinta años, y cuando los cumples, ya es demasiado tarde para responderla, por supuesto.
La cosa funciona así: tienes veinte años, te diviertes un poco y, cuando te despiertas, ya tienes treinta. (...) Nadie se plantea estas preguntas: ¿Hemos aprovechado la vida lo suficiente? ¿Deberíamos haber vivido de un modo distinto? ¿Estamos con la persona adecuada, en el lugar adecuado? ¿Qué nos ofrece este mundo? Desde el nacimiento hasta la muerte, conectamos nuestra existencia a un piloto automático, y hace falta una valentía sobrehumana para cambiar de rumbo. (...)
Lo malo del matrimonio por amor es que arranca demasiado alto. Lo único sorprendente que le puede ocurrir a un matrimonio por amor es un cataclismo. (...)
Uno se casa para poner nerviosos a los amigos o para hacer feliz a sus padres, a veces por ambas cosas, a veces a la inversa. (...)
Nuestra generación es demasiado superficial para el matrimonio. (...)
Después de tres años, una pareja debe separarse, suicidarse o tener hijos, que son las tres maneras de confirmar su final. (...)
Amar a alguien que también te ama es narcisismo. Amar a alguien que no te ama, eso es amor. Buscaba un reto, una experiencia, una prueba que pudiera transformarme; por desgracia, mis deseos se vieron saciados más allá de mis expectativas. (...)
La vida es una sitcom: una sucesión de escenas que se desarrollan siempre en los mismos decorados, con más o menos los mismos personajes, y de la que uno espera los siguientes capítulos con una impaciencia teñida de embrutecimiento. (...)
Me parece que todo el problema del amor radica en lo siguiente: para ser felices necesitamos seguridad cuando resulta que para estar enamorados necesitamos inseguridad. La felicidad se basa en la confianza mientras que el amor exige dudas e inquietud. Resumiendo, el matrimonio ha sido concebido para hacernos felices pero no para que permanezcamos enamorados. Y enamorarse no es el mejor modo de encontrar la felicidad; si así fuera, ya nos habríamos enterado.(...)
Engañar a tu mujer, en sí mismo, no es demasiado malo si ella no se entera. Incluso creo que muchos matrimonios lo hacen para ponerse en situación de peligro, para volver a correr riesgos, como cuando intentaban seducir a su esposa. En este sentido, el adulterio quizás sea una declaración de amor conyugal. Aunque quizás no. En todo caso, creo que me habría resultado algo difícil conseguir que Anne se lo tragara. (...)
Pero alguna vez hay que centrarse en lo esencial, a saber, el sexo.  (...)
En resumen, mientras que una historia de sexo puede convertirse en una historia de amor, pocas veces ocurre lo contrario. (...)
Estar solo se ha convertido en una enfermedad vergonzosa. ¿Por qué todo el mundo huye de la soledad? Porque obliga a pensar. En nuestros días, Descartes ya no escribiría "Pienso, luego existo". Diría: "Estoy solo, luego pienso." Nadie desea la soledad porque te deja demasiado tiempo para pensar. No obstante, cuanto más piensa uno, más inteligente es, o sea. más triste. (...)
Ser generoso es sencillo. uno está enamorado el día en el que pone dentrífico sobre un cepillo de dientes que no es el suyo.
Sobre todo, he aprendido que, para ser feliz, hay que haber sido infeliz. Sin el aprendizaje del dolor, la felicidad no es sólida. El amor que dura tres años es el que no ha superado montañas o frecuentado los bajos fondos, el que ha sido servido en bandeja. El amor sólo dura si ambos saben lo que cuesta, y vale más pagar anticipado, si no e arriesgas a tener que pagar la cuenta a posteriori. No hemos sido preparados para la felicidad porque no estamos preparados par el dolor. Hemos crecido en la religión de la comodidad. Tenemos que saber quiénes somos y a quiénes amamos. Tenemos que estar agotados para vivir una historia inagotable. (...)
No sé lo que me reserva el pasado (...) pero sigo avanzando, en el maravilloso terror, porque no tengo otra elección, avanzo, menos despreocupado que otras veces, pero avanzo de todos modos, avanzo a pesar de todo, avanzo y os juro que resulta hermoso.
El amor dura tres años.
Fréderic Beigbeder.
Anagrama. 

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